Las serpientes, ¿un miedo irracional?

vívora

Hemos entrado en la primavera, una época cargada de belleza, luces, colores y olores, que despiertan decenas de sensaciones en nosotros.

Sin embargo, me voy a aprovechar de ella para atravesar una línea no tan amable. Vamos a cruzar la frontera de la sensibilidad.

En esta época despiertan de su letargo o brumación, como sería correcto llamarlo, decenas de reptiles y anfibios. La hibernación, palabra que solemos usar para definir este descanso, es algo exclusivo de los animales de sangre caliente. Bien, pues con ese despertar también lo hace un temor instintivo en el ser humano, el miedo a los ofidios o serpientes.

En la era de las comunicaciones es habitual encontrar en redes sociales, sobre todo al arrancar la primavera, centenares de fotos de estos seres maravillosos. Por desgracia, la gran mayoría no son para hacerse eco de su belleza, o con la curiosidad de saber de qué especie se trata. Casi todos requieren saber si son o no venenosas o advertir del peligro de haberlos visto en las cercanías de un parque, en un camino o a la orilla de un rio… y, lamentablemente muchas de ellas han pasado ya antes por el filtro del desconocimiento y sus fotos solo muestran un cuerpo inerte. 

El lución (Anguis frágiles) es en realidad un lagarto que suele confundirse con una serpiente

El lución (Anguis frágiles) es en realidad un lagarto que suele confundirse con una serpiente

No hace falta pasear por el campo y encontrar una serpiente para pegar un salto y dar un grito, a veces la camisa de una de ellas es suficiente, o ni siquiera eso, una ramita de caprichosa forma o una cuerda retorcida mandan una señal a nuestro cerebro de peligro. Es algo inevitable para la mayoría. Pero, ¿nacemos con este miedo o lo hemos aprendido?

Pues bien, cada vez son más los estudios que confirman que este miedo está programado en nuestro cerebro, fruto del aprendizaje y las experiencias relacionadas con la vigilancia y el miedo desde hace cientos de miles de años. Está escrito en nuestra historia.

Hace ya más de una década la antropóloga Lynne A. Isbell, viene defendiendo que ciertas regiones de nuestro cerebro, en concreto el núcleo pulvinar del tálamo, evolucionaron para detectar y evitar a las serpientes, algo así como un grupo de “neuronas selectivas” en el cerebro humano y el de otros primates, que disparan su actividad mucho más al ver ofidios que otras amenazas más peligrosas.

¿Nacemos con este miedo o lo hemos aprendido? [...] miedo está programado en nuestro cerebro [...]

Más recientemente se ha decidido estudiar esta respuesta en el humano. Si bien en nosotros esto es mucho más complicado porque en multitud de ocasiones no se puede discernir si el miedo viene condicionado. Para intentar aclararlo, los últimos experimentos se han realizado con bebés de 6 meses, los cuales desconocen el daño que una serpiente podría originarles. Para facilitar la tranquilidad del niño, pero evitar el condicionamiento, los bebés estaban con sus mamás, eso si, ellas no podían ver las imágenes que se mostraban a sus hijos. Al ver las fotos de serpientes las pupilas de los niños se dilataban mucho más que con otras imágenes de formas y colores similares, una clara señal de alerta o estrés.

Pero hay algo aún más fascinante. Hoy la ciencia tratar de buscar si ese pánico ancestral facilitó el desarrollo de nuestra agudeza visual. Esto se debe a que la reacción de todos los primates no es la misma frente a este tipo de miedo. Los monos del nuevo mundo o los lémures, demuestran un pánico menor que los monos del viejo mundo, entre los que se encuentran los chimpancés y nosotros. Y curiosamente, los primeros ven peor que los segundos. La visión es el sentido que separa a los primates de otros mamíferos. Muchas de las estructuras y mecanismos de nuestro cerebro van ligadas a la visión y nada nos despierta más la atención que el miedo ante un peligro.

Así, que quizás nuestra visión se la debamos a estos seres ápodos que tanto desagrado nos causan. Es una pena que con los tiempos que corren hoy, en plena pandemia del coronavirus, un cambio climático galopante o la desaparición de miles de especies, nuestra visión no nos ayude a detectar el peligro. Sería bueno, empezar a luchar por no acabar con todo aquello que se arrastra, sea o no peligroso, y focalizar nuestra energía y miedos en luchar contra lo que verdaderamente importa

La autora con una culebra de escalera (Rhinechis salarais)

La autora con una culebra de escalera (Rhinechis salarais)

[...] quizás nuestra visión se la debamos a estos seres ápodos que tanto desagrado nos causan.

Cofundadora de Paleolítico Vivo 

Fotografía de cabecera: Vibora hocicuda (Vipera latastei) en Rabé de las Calzadas (Burgos)

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