El Basilisco: Un mito del que Cassanova se rió

basilisco

Hace unas semanas prometimos dar buena cuenta del otro ser mitológico que atisbara Casanova en su visita a Toledo. Llegada es la hora de cumplir. Vamos a ello.

Este relato que acabamos de ofrecer, y que -a buen seguro-, hoy nos hace sonreír, no era tomado en broma por la gente del Medievo en centro Europa, donde el mito del basilisco corría de boca en boca, sobre todo, en tiempos de penurias, y servía para explicar desapariciones imposibles.

Sirvan estos párrafos introductorios para retomar aquello que contábamos tiempo atrás, en nuestro artículo sobre El saurio imposible que viera Casanova en Toledo, donde, recordábamos que le mostraron al veneciano un dragón, y un basilisco en el gabinete de física y de historia natural de la colección Borbón-Lorenzana en Toledo. Permítasenos volver a citar el párrafo en cuestión, tal y como lo cuenta el amigo Giacomo Casanova:

¿Qué era un basilisco? Básicamente, otro ejemplar de lo que se ha dado en llamar zoología fantástica, o criatura mitológica. Parece ser que sus orígenes hay que remontarlos hasta la antigua Grecia, pero quizás existieran, desde antes, en el imaginario colectivo.

Plinio el Viejo habló de él en su Historia Natural narrando como un ejemplar de gallo fue sacrificado porque sus huevos no podían ser otra cosa, que una obra del diablo. También San Isidoro de Sevilla, y hasta el mismísimo Feijoo, sucumbieron al encanto del mito y se ocuparon y preocuparon de hablar de él.

A lo largo del tiempo, este animal se ha representado de diferentes maneras, pero siempre, asociado a dos categorías: o bien como un ave, o bien como un ser serpentario, y, la mayor parte de las veces, como una mezcla de ambos. La forma de ave y serpiente con garras gigantescas es la que triunfaría finalmente en los bestiarios medievales, canecillos y capiteles románicos. Entre los siglos VII y IX se gesta la imagen de los basiliscos como serpientes con cabeza de gallo (o de ave) y con cresta; animales de gran tamaño y garras descomunales capaces de capturar y levantar en vuelo a un hombre adulto.

Posiblemente, su representación como animal formado en parte por cuerpo de gallo, se deba a que se creía, que los basiliscos nacían del huevo puesto por un gallo, e incubado nueve años por un sapo. Existió incluso una taxonomía, y así, podemos encontrar las subespecies de basiliscos: común, saurio y paroico (éste último, el más letal de los tres).

Cabeza y patas de gallo (otras referencias añaden que también el cuerpo) cuerpo y cola de reptil.(Foto  Juan Villa- Cuarto Milenio- Mediaset)

Cabeza y patas de gallo (otras referencias añaden que también el cuerpo) cuerpo y cola de reptil.(Foto Juan Villa- Cuarto Milenio- Mediaset)

Para la concepción judeo-cristiana, este ser representaba el mal, era el símbolo de un demonio que lo primero que hacía tras nacer del huevo era matar a su padre. Por eso, en la Edad Media se desconfiaba de los gallos viejos. Del basilisco se contaba también que -al igual que en el mito de Medusa-, te podía matar con su mirada, o convertirte en piedra. Durante siglos se creía que exhalaba fuego por la boca, y secaba pastos y plantas con su fétido aliento. Sus principales enemigos, eran los gallos y las comadrejas, que les daban caza cuando era aún un alevín. En estado adulto nadie osaba hacerlo frente.

Florecieron durante los siglos medievales los relatos, cuentos y consejas sobre este bicho,  así como sobre la forma de acabar con ellos, afirmándose que lo más eficaz, era llevar siempre un espejo, y si topabas con uno de ellos, debías colocarlo de tal manera que, fuese el propio engendro quien se reflejara en él, y cayera fulminado. Sus ojos eran como carbones encendidos en el mismísimo infierno, por eso, no era infrecuente que, cuando se les esculpía, se dejaran los huecos de los ojos vacios, para no aportar mayor terror a las esculturas, tal era el temor que inspiraban.

Cuentan las crónicas que, en la Inglaterra del siglo XV, hubo una plaga de estos seres del averno, que estaba diezmando la población, hasta que un joven valeroso, se confeccionó un traje hecho de espejos, y así, acabó con todos ellos. También se sabe de manadas de este bicho avistadas en Varsovia y en los Cárpatos.

Cómo en el caso del saurio imposible, no podemos saber que animal mostraran a  Casanova. Pero piensen ustedes que, en esa ápoca, ya existían falsificadores capaces de insertar medio cuerpo de mono en una cola de pez y convertir esto en una sirena. Por tanto, tal vez, un cuerpo de serpiente anclado a medio cuerpo de una rapaz poderosa, a la que se injertó una cabeza de gallo sea la respuesta al enigma.

Como los fondos de esta colección Borbón-Lorenzana –según cuenta el gran historiador Hilario Rodríguez de Gracia- se desperdigaron por el Instituto El Greco, la Biblioteca Regional de CLM e incluso, el actual Museo de Ciencias Naturales, no podremos organizar una partida para dar caza a este demoníaco ser. No obstante, si han tenido a bien acercarse hasta Toledo, les invitamos a que se den una vuelta por las iglesias y calles de la ciudad, para darse de bruces con algunos bellos ejemplares (nada peligrosos, por cierto). Les daremos una pista: existen basiliscos en el claustro de San Juan de los Reyes,  en la catedral y en otros lugares.

Estén atentos y no olviden traer un espejo.

Animal fantástico, híbrido de gallo, reptil y murciélago (Foto Juan Villa- Cuarto Milenio- Mediaset)

Animal fantástico, híbrido de gallo, reptil y murciélago (Foto Juan Villa- Cuarto Milenio- Mediaset)

(Doy las gracias a Juan Villa -ese inmenso genio capaz de crear cualquier ser, por esquivo que parezca- por habernos cedido las fotografías del basilisco que creó para uno de los programas de Cuarto Milenio).

Luís Rodríguez Bausá

Luís Rodríguez Bausá

Maestro, Licenciado en Filosofía, Ciencias de la Educación y Psicopedagogía, Diplomado en Heráldica y Genealogía.

Profesor de la Universidad de CLM durante dos décadas en la Facultad de Educación. Ha trabajado en los ámbitos de la discapacidad y la cooperación internacional.

En la actualidad tiene una empresa de visitas guiadas por la ciudad de Toledo (www.rutasdetoledo.es)

Luís Rodríguez Bausá

Luís Rodríguez Bausá

Maestro, Licenciado en Filosofía, Ciencias de la Educación y Psicopedagogía, Diplomado en Heráldica y Genealogía.

Profesor de la Universidad de CLM durante dos décadas en la Facultad de Educación. Ha trabajado en los ámbitos de la discapacidad y la cooperación internacional.

En la actualidad tiene una empresa de visitas guiadas por la ciudad de Toledo (www.rutasdetoledo.es)

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